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Книга «Путешествие» (El Viaje) на испанском языке для начинающих (уровень А1-А2)

Продолжаем читать онлайн книгу «Путешествие» (El Viaje) на испанском языке для начинающих для уровня (А1-А2) – глава 13-16, а начало книги «Путешествие» (El Viaje) – в разделе «Книги на испанском языке».

Остальные книги (для начинающих и обычные) вы также найдёте в этом же разделе - «Книги на испанском». Для детей есть раздел «Сказки на испанском». Кроме того, у нас на сайте есть раздел «Аудиокниги на испанском языке» (книга «Путешествие» (El Viaje) также есть в формате аудио, но будет выложена позже).

Тем, кто любит фильмы Испании и стран Латинской Америки, будет интересен раздел «Фильмы и мультфильмы на испанском языке».

Для тех, кто планирует изучать испанский не только самостоятельно, но и с преподавателем или носителем языка, есть необходимая информация на странице «Испанский по скайпу».

 

Теперь переходим к чтению следующей части книги «Путешествие» (El Viaje) на испанском языке для начинающих. На этой странице выложены главы с 13-й по 16-ю включительно, а ссылка на продолжение книги будет в конце страницы.

 

El Viaje

 

Capítulo 13. La presente capital del pasado

Cuzco, Perú. Sábado, 30 de noviembre.

 

Después de una semana de descanso, Alba ha recuperado su energía y se ha integrado en la vida de Cuzco. Vive con Günther y Pedro en una casita blanca con tejado rojo no lejos del centro. Forman un trío muy armonioso. Hoy Pedro tiene la mañana libre y sale con Alba a pasear.

En la Plaza de Armas se sientan los dos en un banco. Muchos niños juegan alrededor de la fuente. Los turistas pasean bajo los soportales, miran las tiendas y los restaurantes.

 

Pedro: -Esta plaza parece una plaza muy normal, ¿verdad?

Alba: -Pues...

Pedro: -Pues no lo es. Este lugar es un punto central en la historia de Perú. Aquí se han vivido escenas fundamentales del gran Imperio incaico. Pero es una historia muy larga que probablemente ya conoces. A propósito, ¿puedes creer que no me siento aquí desde mis tiempos de estudiante? Casi he olvidado cómo se siente uno cuando no hace más que mirar cómo pasa la gente.

Alba: -¿Y tú puedes creer que no escribo una línea ni hago una fotografía desde que estoy en Cuzco?

Pedro: -Terrible, la españolita... Oye, quizás no te sientes bien en nuestra casa y no puedes concentrarte.

Alba: -Es verdad. No puedo concentrarme porque me siento... demasiado bien.

Pedro: -¿Demasiado? ¿Cómo tengo que interpretar eso?

 

Los dos se miran con dificultad, porque el sol les molesta en los ojos. Pedro se protege del sol con una mano y Alba dice:

Alba: -Como quieras...

 

Alba mira las palomas que comen tranquilamente por todas partes. Pedro se rasca pensativo su cabeza morena. El blanco brillante de su camisa contrasta con su piel oscura y sus ojos negros.

 

Pedro: -Oye, ¿has visitado ya el Templo de Qoricancha?

Alba: -No.

Pedro: -Pues, ahora tienes la oportunidad de ver los restos de un imperio con un experto. Ven conmigo.

 

Pedro es un estudioso autodidacta de las culturas precolombinas. A sus 34 años ha escrito ya dos libros y ha publicado muchos artículos. Su trabajo en el hospital, su profesión de médico, es su compromiso con el presente. Sus investigaciones arqueológicas y antropológicas son un homenaje al pasado... y su droga contra la soledad desde la muerte de su mujer.

Alba y él pasean por la estrecha calle de Loreto entre muros incas. Alba pasa la mano sobre las perfectas piedras. La sensación es suave y fría. Un músico ciego toca un instrumento muy original tan grande como un contrabajo. Lleva un poncho de lana. El calor no le molesta. El paso de la gente tampoco.

 

La visita al Qoricancha dura varias horas. Pedro conoce cada piedra y cada línea de la historia del Imperio Inca al milímetro.

 

Pedro: -Imagínate: aquí plantas de maíz de oro, allí ovejas y pastores de oro, paredes de oro con esmeraldas y turquesas. Todo delante de este templo.

Alba: -¡Ohhh! Pero, ¿es verdad o es una leyenda?

Pedro: -Es verdad, todo está en las crónicas de la época.

Alba: -Me imagino la cara de los españoles al entrar aquí.

 

Alba hace un gesto teatral, primero de asombro y después de avaricia.

Los dos se ríen y continúan en el patio central del Qoricancha la representación teatral de la llegada de los españoles. De repente, se dan cuenta de que un grupo de curiosos turistas les han escuchado y observado todo el tiempo.

Un japonés entusiasmado les regala una foto que ha hecho con su polaroid y en la que aparecen los dos en escena.

 

 

Capítulo 14. Entre la niebla

Cuzco, Perú. Miércoles, 14 de diciembre.

 

Los tres amigos han quedado para tomar algo cerca de la Plaza de Armas de Cuzco, en la taberna Chatchay, el miércoles por la tarde. El ruidoso local está lleno de cuzqueños y turistas.

Pedro llega en ese momento y se abre camino entre la gente.

 

Pedro: -¡Yujuhui!

 

Günther y Alba están al fondo del pequeño local, conversando de pie junto a la barra. Pedro abraza a los dos amigos, que no comprenden su entusiasmo.

 

Pedro: -¡Qué alegría! ¡Amigos míos, ya lo tengo!

Günther: -Felicidades, hombre, pero... ¿qué tienes?

Pedro: -¡El viaje en globo! ¿Ya no te acuerdas? ¡El globo sobre Nazca! ¡Tengo ya el permiso para volar sobre la pampa colorada de Nazca! Chicos, vamos a celebrarlo. Invito a pisco. Yo voy a tomar un “Pisco sour”.

Günther: -Pues yo un “chilcano de pisco”

Alba: -Pues yo un “kaipi”. Pero... ¿podéis explicarme qué pasa exactamente? No entiendo nada.

Pedro: -Mi gran ilusión ha sido siempre volar en globo sobre el desierto de Nazca, ya sabes, donde están esos misteriosos dibujos de la antigua civilización nazca.

Alba: -¡Ah! Sí. Pero tú no tienes globo.

Pedro: -¡Ahora sí! La Fundación de Arqueología de Cuzco me lo deja. Y ya he hecho varios cursos para pilotar globos.

 

Los tres levantan sus vasos y brindan:

Pedro: -¡Por el globo que ya está esperando!

Günther y Alba: -¡Por el globo!

 

Pedro: -Y ahora la mala noticia: sólo pueden viajar dos personas en la cesta. Y Günther también quiere venir.

Günther: -No, no... Yo me quedo en tierra. Tengo miedo a la altura.

Alba: -¿De verdad?

Günther: -No, no es verdad, pero es igual. Es un regalo para... los dos.

(Pedro y Alba se miran de reojo)

Pedro: -Günther, eres un tipazo. ¿Tomamos otro pisco?

 

Entre pisco y pisco, al ritmo del huayno, los tres planean la gran aventura que va a empezar dentro de una semana.

 

Una semana más tarde...

 

Pedro ha organizado una expedición de diez personas para elevar el globo. Es ya el segundo día de viaje. Delante, en un jeep, Pedro, Günther y Alba abren camino. Más atrás, el camión con el gran globo marcha lentamente. Son las cinco de la mañana y hay poca luz. Las curvas son muy cerradas: es el Paso de Soraccocha, a 4150 metros de altura. Entre la niebla, al lado de la estrecha carretera, se intuyen, pero no se ven, profundos abismos.

De repente, en medio del camino, aparece un grupo de llamas. Pedro frena violentamente. El coche se sale de la estrecha carretera y cae al abismo. Alba sale despedida del asiento de atrás y cae entre unos matorrales. El coche, con Pedro y Günther dentro, continúa el viaje hacia abajo. Todo es cuestión de un par de segundos.

Muy poco tiempo después, el camión con el resto de la expedición pasa por el lugar del accidente, sin problemas. No queda ni rastro del accidente. Sin imaginar nada de lo que ha pasado, el camión continúa alegremente su camino hacia Nazca.

 

 

Capítulo 15. Un ruido a sus espaldas

En algún lugar entre Cuzco y Nazca, Perú.

Domingo, 21 de diciembre.

 

Algunas horas después del accidente, Alba abre los ojos y empieza a sentir dolores en todo el cuerpo. No recuerda nada y no sabe dónde está. Sólo oye el canto de los pájaros. Hace frío. Después de varios intentos, consigue levantarse y empieza a caminar hacia arriba como magnetizada por una fuerza desconocida.

No sabe adónde va. Camina y camina hasta que llega la noche. De repente se da cuenta de que está caminando sobre campos de maíz en forma de terrazas. La luna llena brilla muy cerca.

Cerca de la cumbre, Alba tropieza con algo. Es el principio de unas largas escaleras de piedra. Alba las sube despacio. Al final se encuentra en medio de una gran plataforma de piedra iluminada por la metálica luz de la luna.

Allí, en el centro de esa plataforma, Alba se siente tranquila y segura. Sus ojos se están acostumbrando a esa misteriosa luz.

“¿Qué es esto? ¿Dónde estoy?, piensa Alba. Allí abajo, al otro lado de la montaña, se ven los muros de algo que parece una ciudad. Desde allí se acerca a la plataforma una procesión de pequeñas luces.

Alba escucha un ruido a su espalda. Son pasos muy suaves y un ruido de faldas largas. No mira hacia atrás, pero tiene la seguridad de no estar sola allí.

 

Al día siguiente...

 

Después de caminar mucho tiempo por la carretera, Alba llega a una curva donde están aparcados algunos vehículos. Uno es el camión de la expedición. Otro es un coche de la policía.

Un hombre moreno con un brazo escayolado sale de detrás del camión y al verla grita:

Pedro: ¡Alba! ¡Estás viva! ¡Te hemos buscado como locos!

Alba: -¡Pedro! ¿Estás bien? ¿Dónde está Günther?

Pedro: -Bueno, yo estoy un poco roto, pero Günther está bien. Está buscándote con los otros. Pero... ¿dónde has estado?

Alba: -Pues... no lo sé. No recuerdo ni dónde ni con quién. Sólo sé que no he estado sola. ¿Me crees?

Pedro: ¡Claro! Lo único que me importa es que estás aquí y que estás bien.

 

Los dos se abrazan felices y contentos por estar vivos.

 

 

Capítulo 16. La despedida.

Cuzco, Perú. Miércoles, 24 de diciembre.

 

Los tres amigos llegaron a Cuzco el día de Nochebuena y encontraron la ciudad iluminada para las fiestas. Sus amigos, como todos los años, hicieron un gran fuego y una fiesta alrededor que duró toda la noche.

En medio de la fiesta, una mujer morena y bajita se acercó a Alba.

 

Carmen: -¡Hola! Tú eres Alba, ¿verdad? He oído hablar muchísimo de ti.

Alba: -¿Ah, sí? ¿Y tú quién eres?

Carmen: -Yo soy Carmen Cascabel. Soy corresponsal de Televisión Española en Lima desde hace unos años y ahora estoy pasando unos días en Cuzco, en casa de unos amigos.

 

Las dos mujeres simpatizaron desde el primer momento y hablaron casi toda la noche sobre sus experiencias en Perú.

 

Carmen: -Oye, ¿qué planes tienes ahora?

Alba: -Pues, la verdad es que todavía no he decidido nada.

Carmen: -Pues yo tengo que ir a Colombia dentro de dos semanas para escribir un reportaje sobre las minas de esmeraldas. ¿Quieres venir? Estoy segura de que el tema te va a interesar.

 

En ese momento llegan Pedro y Günther, moviéndose al ritmo de la chicha.

 

Günther: -¿Habéis olvidado que esto es una fiesta? ¡A bailar! Mañana podéis hablar de cosas serias.

 

La noche acabó con chocolate caliente y panetón.

 

Desde el dormitorio, con la ventana abierta, Alba y Pedro pueden contemplar una hermosa noche y escuchar los grillos.

 

Alba: -Pedro, quiero enseñarte algo. (Alba le enseña la moneda que le regaló su abuela.)

Pedro: -¿De dónde sacaste esto?

Alba: -Me lo dio mi abuela.

Pedro: -Pero, pero... ¿Tú sabes qué es?

Alba: -Pues no exactamente, ¿por qué?

Pedro: -Esa moneda no es sólo una moneda de oro, es algo de más valor. El símbolo del sol que tiene es, más o menos, de la época de la llegada de los españoles.

Alba: -¿De verdad? ¿Quieres decir que es de los incas?

Pedro: -Sí.

Alba: -¿Y cómo ha podido llegar esto a manos de mi abuela? ¿Tú estás seguro de lo que dices?

Pedro: -Sí. Palabra de experto.

Alba: -¡Qué curioso! Y más curioso todavía es que el día después del accidente encontré otra moneda idéntica en mi bolsillo. Mira. Aquí está. No tengo ni idea de dónde viene.

Pedro: -Esto es increíble... Lo que los arqueólogos buscan toda una vida aparese en tu bolsillo por arte de magia. Alba, algún día tienes que contarme qué te pasó exactamente esa noche. Desde entonces estás muy misteriosa.

Alba: -No puedo contarte algo que yo misma no comprendo. No sé dónde estuve. No recuerdo nada.

 

Un poco después...

 

Alba: -Pero, dime, ¿qué va a pasar con la aventura del globo?

Pedro: -No puedo volar sin mi copilota, así es que tienes que volver.

 

Pedro sabe que Alba tiene que irse pronto a Colombia para escribir su último reportaje. La despedida está cerca.

 

Pedro: -Te voy a echar mucho de menos...

 

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