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Книга «Путешествие» (El Viaje) на испанском языке для начального уровня (А1-А2)

Продолжаем читать онлайн книгу «Путешествие» (El Viaje) на испанском языке для начального уровня (А1-А2) – главы 17-20, а начало книги «Путешествие» (El Viaje) – в разделе «Книги на испанском языке».

Остальные книги (для начинающих и обычные) вы также найдёте в этом же разделе - «Книги на испанском». Для детей есть раздел «Сказки на испанском». Кроме того, у нас на сайте есть раздел «Аудиокниги на испанском языке» (книга «Путешествие» (El Viaje) также есть в формате аудио, но будет выложена позже).

Тем, кто любит фильмы Испании и стран Латинской Америки, будет интересен раздел «Фильмы и мультфильмы на испанском языке».

Для тех, кто планирует изучать испанский не только самостоятельно, но и с преподавателем или носителем языка, есть необходимая информация на странице «Испанский по скайпу».

 

Теперь переходим к чтению следующей части книги «Путешествие» (El Viaje) на испанском языке для начального уровня. На этой странице выложены главы с 17-й по 20-ю, т.е. уже до конца этой интересной адаптированной для начального уровня студентов, изучающих испанский язык.

 

El Viaje

 

Capítulo 17. El oro verde.

Jueves, 7 de enero.

 

Carmen y Alba vuelan hacia Bogotá.

 

Carmen: -Alba, no has habierto la boca desde que salimos. ¿Qué te pasa?

Alba: -Pues, la verdad es que estoy pensando que nuestra profesión es a veces muy dura. Siempre vamos de un lado para otro. En Perú, sobre todo en Cuzco, me he sentido en casa desde el primer momento. He vivido cosas que nunca olvidaré y otras que, quizás, nunca podré explicarme.

Carmen: -Pero, ¿sabes? Colombia es también un país fascinante. Ya he estado varias veces allí. Verás, te va a encantar.

 

Carmen y Alba continúan la conversación mientras toman su primer “tinto”, así es como se llama el cafe solo en Colombia.

 

Alba: -Por cierto, ¿cómo conseguiste el permiso para visitar las minas? He oído decir que es muy difícil.

Carmen: -Pues... gracias a mi colega José Orondo, un cámara de la televisión colombiana. Es un verdadero relaciones públicas y tiene muy buenos contactos. Él consiguió el permiso después de hablar con uno de los peces gordos, uno de los “capos” más importantes del país.

 

El primer día de trabajo empezó en la Avenida Jiménez, en pleno centro de Bogotá. Como en todas las grandes ciudades, allí hay siempre mucha actividad. No fue difícil ponerse en contacto con los esmeralderos – los intermediarios -, que venden las esmeraldas en las grandes oficinas de exportación que están en esa avenida.

Mientras Carmen hizo fotos de la avenida y visitó las oficinas exportadoras, Alba entrevistó a uno de los intermediarios, Eduardo Torres, un hombre bastante peculiar. “Más que una persona real, este hombre parece sacado de un libro de García Márquez”, pensó Alba. Después de la entrevista, Eduardo le mostró algunas esmeraldas.

 

Eduardo: -Mire, mire bien su color verde. Hay gente capaz de todo por conseguir la mágica luz de estas piedras.

 

Alba y Carmen pasaron el resto del día con Eduardo. Con él conocieron los grandes contrastes del coloso urbano: una verdadera olla llena de vida. “¡Qué hombre tan agradable!: casi no nos conoce y nos regala todo su tiempo”, pensó Alba. Poco después se despidieron.

 

Eduardo: -Si quieres más información para su reportaje, pacen otro día por aquí. No será difícil localizarme.

 

Alba pasó varias veces por la Avenida Jiménez, pero no volvió a ver a Eduardo nunca más.

 

Unos días después...

 

En Muzo, en el Departamento de Boyacá, a unos 100 kilómetros al noroeste de Bogotá...

 

Alba, Carmen y José vivieron de cerca los múltiples aspectos del proceso de extracción de las esmeraldas y conocieron una de las caras más complejas de las minas: la noche. Los tres pudieron observar a los “guaqueros”, hombres, mujeres y niños que, de forma ilegal, buscan en la oscuridad, arriesgando su vida, “el oro verde”. Muchos de ellos tienen la esperanza de hacer fortuna rápidamente, pero sólo unos pocos lo consiguen. El resto o muere o se queda mucho tiempo en ese inframundo, viviendo en condiciones difíciles.

 

Guaquera: Yo vengo a esta mina todas las noches desde hace muchos años. Ya no sé cuántos. Vivo con la esperanza de enguacarme para darles a mis hijos una vida mejor.

 

En el camino de vuelta a Bogotá, los tres compañeros comentaron las vivencias de estos días y discutieron cómo enfocar el reportaje.

 

Alba: -Para mí, lo más impresionante es el enorme contraste entre la situación de pobreza de los guaqueros y el valor que tendrán esas piedras verdes en el mercado.

 

Las intensas impresiones de las minas y la misteriosa desaparición de Eduardo les acompañaron durante muchos días.

 

 

Capítulo 18. En la bahía.

Bogotá, Colombia. Lunes, 18 de enero.

 

El trabajo en América ha terminado.

Alba está sentada en el escritorio de su hotel en Bogotá. Mientras ordena todos los papeles y fotografías acumulados hasta ahora piensa en su regreso a España:

“¿Qué harán mis padres? ¿Y mis hermanos? ¿Cómo estará la abuela? ¿En qué reportaje estará trabajando Isabel ahora?...”

Enfrascada en sus pensamientos, Alba continúa ordenando sus cosas hasta que el sonido del teléfono la interrumpe.

 

Alba: -¿Si, dígame?

José: -¡Albita! ¿Qué van a hacer esta noche? Las invito a comer.

Alba: -Pues me parece una buena idea. ¿Has hablado ya con Carmen?

José: -No. Pero la llamo y le digo.

Alba: -¿A qué hora quedamos?

José: -Yo paso por el hotel más o menos a las ocho.

Alba: -De acuerdo. Nos vemos abajo, en la recepción.

 

En “Las Noches de Colombia”, un conocido restaurante de la capital colombiana, los tres amigos miran la carta.

 

Alba: -Oye, José, quiero probar algo típico de Bogotá. Aconséjame algo, por favor.

José: -Pues, si quieres algo rico, pide crema de guanábana.

Carmen: -¿Y yo?

José: -¿Ya probaste el ajiaco?

Carmen: -No, no lo he probado todavía.

José: -Pues te lo aconsejo. ¡Muy bueno!

 

Al final de la cena, saboreando uno de los últimos “tintos” colombianos...

 

José: -Pensé que, después de tanto trabajo, nos merecemos unas buenas vacaciones. ¿Les gustaría conocer mi ciudad? Es Cartagena de Indias, la ciudad más hermosa del mundo.

 

Carmen y Alba, sin dudarlo un segundo, aceptaron la invitación y se fueron con José hacia el norte de Colombia.

 

Miércoles, 20 de enero.

Ya en el Caribe, en la bahía de Cartagena...

 

José: -Miren, ¿ven allá esa casa de color rosado, con los balcones de madera? En una de esas habitaciónes, en el primer píso, nací yo hace 50 años.

Alba y Carmen: -¿Cincuenta años?

Alba: -No puede ser.

Carmen: -Te conservas muy bien.

 

Por las calles estrechas de “El Corralito de Piedra”, el casco antiguo de la ciudad, Alba y Carmen se dejan seducir por la alegría del ambiente: vendedores, tascas callejeras, risas de niños que salen de la escuela...

Un aguacero torrencial les sorprende durante su paseo y corren a refugiarse bajo los soportales. Bajo las arcadas del “Portal de los Dulces”, los cartageneros, en su mayoría morenos, con las camisas mojadas, se animan a celebrar el chubasco con música de vallenato y merengue. José empieza a dejarse llevar por el ritmo. Alba y Carmen miran divertidas los movimientos sensuales de su colega cincuentón.

 

Carmen: -¿Sabes, José? Pones la misma pasión en el baile que en tu cámara.

 

La impovisada fiesta se alargó hasta la salida del sol.

 

Para los tres, la relajante estancia en Cartagena fue un soplo de aire fresco que les dio energía para continuar sus vidas: José con un nuevo reportaje sobre los indios wayúu, en La Guajira, Carmen con su decisión de dejar Perú para volver a España, ... y Alba... con un mar de preguntas sin respuesta.

 

 

Capítulo 19. El secreto de la abuela.

Madrid. Lunes, 25 de enero.

 

En el aeropuerto de Barajas, Isa está esperando a Alba con una gran sonrisa y los brazos abiertos.

 

Isa: -Alba, te he echado tanto de menos... Me alegre de verte. Dame una maleta. Tengo el coche en el parking. Tienes que contarme muchas cosas...

Alba: -Luego, Isa. Acabo de llegar. ¿Por qué no vamos primero a la “Chula” a tomar un café y hablamos allí?

 

Hace frío. Son las siete de la tarde y ya es de noche. En Madrid, la gente empieza a salir del trabajo y a disfrutar de su ciudad por la noche. Muchos suben y bajan por el Paseo de Recoletos, otros entran y salen de la Biblioteca Nacional. Los cafés están llenos de gente; pronto van a comenzar las típicas tertulias. En “La Chula” hace un calor muy agradable y huele a café, a chocolate y a cosas dulces.

 

Alba: -Me alegro de ver que hay cosas que no cambian. Los churros y el café de “La Chula” siguen siendo los mejores del mundo.

Isa: -¡Y eso lo dice una verdadera mujer de mundo!

Alba: -Ya ves...

Isa: -Oye, estás muy pensativa. ¿No te alegras de volver a casa?

Alba: -Sí, claro, pero es que este viaje ha sido algo especial.

Isa: -Oh, oh, aquí hay un asunto de pantalones... ¿cierto?

Alba: -Isa, eres monotemática.

Isa: -Alba Sampedro está enamorada. ¡No puedo creerlo! ¿Quién ha sido el afortunado? ¡Déjame adivinar! ¿Un boliviano?

Alba: -No...

Isa: -¿El psicólogo argentino?

Alba: -Tampoco. Pero ya basta.

Isa: -No, no, espera, ya lo tengo: es un peruano.

Alba: -Bueno, ha habido otras muchas cosas especiales en este viaje.

Isa: -¿Qué otras cosas?

Alba: -Es una larga historia. Pero ya te la contaré. Primero quiero ir a ver a mi familia a Las Hurdes. Allí siempre encuentro tranquilidad y claridad para ver las cosas.

Isa: -Oye, pero dime, ¿cómo fue el flechazo?

Alba: -Isa...

 

Dos días después, en la oficina del jefe...

(...toc, toc, toc...)

 

Alba: -¿Se puede? Ya he llegado.

Sr. Muñoz: -Alba, pase y siéntese, por favor. Y cuéntame: ¿cómo está?, ¿qué tal ha ido todo? ¿Ha traído más material?

Alba: -Claro, jefe. Aquí está. Creo que hay varios buenos artículos, entre ellos hay temas de primera portada. Pero tengo la desagradable sensación de haber dejado muchas cosas en el tintero. Todo ha sido demasiado rápido.

Sr. Muñoz: -Claro, me imagino que tres meses son poco tiempo para tantas experiencias.

Alba: No fue fácil, Sr. Muñoz. A veces fue cuestión de vida o muerte. La verdad es que allí he vivido los momentos más intensos de mi vida hasta ahora: los más alegres y los más duros.

Sr. Muñoz: -Bueno, yo sólo puedo decirle que estamos muy contentos con usted. Ha hecho un trabajo fantástico estos meses. Los materiales que hemos recibido hasta ahora son excelentes.

Alba: -Gracias, gracias.

Sr. Muñoz: -A propósito de trabajo... La necesitamos la próxima semana en Sevilla, para el Congreso Internacional sobre el tema de las soberanías en Gibraltar, Ceuta y Melilla.

Alba: -Ya, comprendo... Pero...

Sr. Muñoz: -En fin, primero disfrute del fin de semana, de su vuelta a Madrid, y hablamos en los próximos días. ¿De acuerdo?

 

Plaza de Celenque. Sábado, 30 de enero.

 

Alba va hoy a Pinofranqueado a ver a su familia. Su coche arranca sin problemas. Cuando pasa por la gasolinera de Aravaca, la imagen de Pedro y Günther vuelve con gran intensidad. “Aquí encontré por primera vez a Günther. ¡Qué cosas tiene el destino!”

 

En Las Hurdes todo sigue como siempre. El paisaje tiene los tonos del invierno. Hace un frío helador.

 

Cuando llega a casa, su madre está triste. La abuela murió el 21 de diciembre, el mismo día del accidente.

 

Madre: Tu abuela dejó una carta para ti. Mira, aquí está.

 

Alba se va al patio y se sienta en la silla de su abuela. Abre la carta. La letra es difícil de leer.

 

Querida nieta:

 

Siento que llegó mi hora. No me gustan las despedidas, porque la vida continúa. Pero antes quiero contarte un secreto. Es una larga historia de familia: un antepasado nuestro, Don Gonzalo de la Gonzalera, se embarcó hacia el Nuevo Continente hace muchos, muchos años. Allí se enamoró de una mujer indígena, Coyllur, y tuvieron un hijo. Don Gonzalo los trajo a España, pero Coyllur murió atacada por nuestras enfermedades. Don Gonzalo trajo de América un pequeño tesoro, objetos de oro muy bonitos, como la moneda que te regalé, y no los convirtió en barras de oro, como hicieron sus jefes, sino que, por respeto a su mujer, los ocultó en este patio. Don Gonzalo se prometió devolver algún día los tesoros a su lugar de origen, pero murió en una guerra antes de hacerlo. Po favor: devuélvelo todo a sus dueños, que son también tus antepasados.

 

Dejo este mundo tranquila porque confío en ti.

 

Hasta siempre, tu abuela."

 

Alba se ha quedado petrificada. Se imagina a su antepasado Don Gonzalo de la Gonzalera, un soldado que vivió en esta misma casa de Pinofranqueado y que quizá participó en el saqueo y destrucción del Templo de Qoricancha. Alba recuerda escenificación que hicieron allí Pedro y ella y la foto que hizo el japonés. Busca en su desordenado bolso hasta que la encuentra. Allí está Pedro con cara de orgulloso rey inca y ella, con un gesto de sorpresa, mirando los objetos de oro inexistentes.

 

Madre: -¿Quién es el chico de la foto?

Alba: -Mamá, creo que tengo que volver a América.

Madre: -Pero, si acabas de llegar... ¿Es que te has olvidado algo allí?

 

Alba pasó las semanas siguientes entre Pinofranqueado y Madrid haciendo las formalidades necesarias para la devolución del tesoro. Isa fue en su lugar al Congreso de Sevilla.

Un sábado por la mañana, recibió un telegrama de Carmen Cascabel:

“Vuelvo a España... Mi puesto de corresponsal en Lima queda libre... ¿Te interesa?”

Carmen Cascabel, Lima, 6 de febrero.

 

 

Capítulo 20. Principio Feliz.

Lima, Perú. Abril.

 

Alba decidió finalmente ocupar el lugar de Carmen Cascabel como nueva corresponsal de Televisión Española en Lima. Antes de empezar su nuevo trabajo, aprovecha sus últimos días de vacaciones.

 

3 de abril, Museo Arqueológico Nacional de Lima.

 

Con la nariz pegada a los cristales de seguridad de la vitrina, Alba y Pedro miran en silencio el tesoro que estuvo en Pinofranqueado casi cuatro siglos, enterrado en el patio de la familia.

 

Pedro: -¿Tú crees en el destino?

Alba: -Yo creo en la fuerza de la casualidad. ¿Y tú?

Pedro: -Yo creo que alguien ha escrito esta historia. Me siento como un personaje de un libro.

Alba: -¿Quieres decir que nos están observando?

Pedro: -No, quiero decir que nos están leyendo y escribiendo.

Alba: -Para ser un científico tienes mucha fantasía... Pero... ¿qué nos pasará ahora?

Pedro: -Yo creo que nos espera un viaje, ¿y tú?

 

Nazca, Perú. 10 de abril.

 

En la pista de aterrizaje del pequeño aeropuerto de Nazca esperan las personas que van a ayudar a hacer volar el globo. Cuando ven llegar el camión, corren para sacar de allí al gigante verde y blanco. Después de mucho trabajo el globo empieza a hincharse con el calor de una llama azul. Alba y Pedro saltan a la cesta. Todos gritan: “¡Adiós! ¡Mucha suerte! ¡Adióooooos!”

 

El globo empieza a subir. Pedro mira hacia abajo feliz. “¡Adiós!” Alba todavía no puede mirar hacia abajo sin estremecerse a causa del pánico. “¡Socorro!”, piensa sin poder abrir la boca. Poco a poco se acostumbra a la sensación de volar. La paz allí arriba es absoluta. Algunos pájaros planean en silencio allí abajo. La tierra es como un mapa, se pueden ver los ríos, los pequeños pueblos blancos y, allá lejos, el Océano Pacífico.

 

Pedro: -¡Alba! ¡Mira! ¡Allá!

 

Allí abajo, sobre la piel marrón del desierto, se ve la silueta blanca, perfectamente simétrica de un colibrí. Poco después ven un mono, una araña, formas geométricas... El desierto es como una gran galería de símbolos cuyo significado hoy nadie puede comprender. Pedro es uno de los muchos científicos que se preguntan cómo y por qué aquella civilización de Nazca pudo hacer aquellas figuras tan grandes y perfectas que sólo se pueden ver desde el aire. Pero para él son más que un misterio, más que restos arqueológicos de una civilización. Para él son figuras muy especiales, de excepcional belleza, que siempre ha deseado contemplar desde el aire sin el ruido de los motores de un avión, sólo con el sonido del viento. Los dos contemplan mucho tiempo el espectáculo, hasta que Pedro vuelve a la realidad:

Pedro: -Por fin solos.

Alba: -¿Solos? ¿Y nuestros lectores?

Pedro: -Oh, es cierto. Espera:

¡Eh! ¡Lectores! ¡La historia termina aquí! ¡Cerrad el libro! ¡Adiós!

 

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